La casa estaba en silencio. Luka seguía en su habitación, envuelto en sus videojuegos, y Sol se había retirado temprano a dormir. Zoey había salido a una cita, y Leo se había despedido con una advertencia amable: "Estudien bien sus historias, chicos. Migración no perdona errores." Pero esa advertencia se había desvanecido como el humo de las tazas de té humeante que reposaban ahora entre Julian y Kira.
Estaban solos.
La sala, apenas iluminada por una lámpara de pie, se volvía un refugio tenue y