Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl atardecer cayó sobre Nueva York con el color del metal oxidado.
Julian miraba el horizonte desde el ventanal del despacho, las luces de la ciudad reflejándose en los cristales como brasas encendidas.
Había pasado la tarde entre llamadas, documentos, abogados y explicaciones que sonaban todas igual: nadie sabía nada.
El sistema de seguridad no había sido vulnerado, las firmas electrónicas eran válidas, y sin embargo, cada registro olía a falsificación.
La sensación de estar siendo observado volvió a aparecer, esa que había aprendido a detectar desde niño, cuando el peligro no hacía ruido.
Cerró la laptop, dejó caer el cuerpo en el sofá y se







