Mundo ficciónIniciar sesiónLa noche bajó como una cortina pesada. La ciudad era un acuario de luces; el penthouse, una pecera quieta. Desde el cuarto de Damian se oía un motor pequeño: el humidificador roncaba como un gato y hacía que el aire oliera a limpio. Kira cerró suavemente la puerta del vestidor y volvió a la cama descalza, con ese andar que no pisa sino flota. Julian seguía sentado al borde, las manos juntas, los codos en las ro







