Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl amanecer llegó sin avisar, como siempre llega cuando uno duerme a trozos y a ratos. Marcus abrió los ojos con esa conciencia a medias de quien ha aprendido el idioma de un llanto. No fue el reloj, ni el ruido de la calle: fue un sonido pequeño, quebrado, que parecía tender un hilo desde la cuna hasta su pecho. Melissa. Tres meses de vida y ya el poder de mover montañas en la madrugada.







