Rocco cae con fuerza sobre la gravilla, se levanta en segundos, su cuerpo obedece sin discusión y desaparece entre la maleza, pistola en mano. El sonido de los disparos queda lejos ahora, filtrado por el calor y la tierra.
Nada lo sobresalta, todo es parte de un mapa. El polvo flota en el aire como si el tiempo se hubiese detenido. Desde detrás de un seto, Rocco observa la ladera. Como sospechaba, son los hombres de los Carabinieri, profesionales, pero no del mismo nivel de los suyo