Caterina duerme con el cabello negro esparcido sobre las sábanas blancas, tiene puesto una ligera bata de seda roja que contrasta con su color de cabello y su piel. Ha doblado una de sus rodillas y su cara está prácticamente enterrada entre las sábanas.
Los ventanales están abiertos y las cortinas se mecen a merced del viento. El olor salino del mar y el suave ruido del agua golpeando contra las rocas se cuela por la ventana.
Roco se mete en la cama, apoya su codo contra la almohada y su cabeza