Callie no durmió.
Se arrodilló donde él le había ordenado la noche anterior, con la espalda recta, las manos apoyadas en los muslos, el suelo de piedra gélido a través de la fina tela. El tiempo transcurrió en fragmentos inciertos: respiraciones contadas, músculos temblorosos, pensamientos que volvían a la misma verdad insoportable.
Podía dejarla así.
Y ella se quedaría.
La puerta se abrió sin ceremonias.
Darian entró en la cámara como un veredicto.
Al principio no la miró. Cruzó la habitación