El palacio nunca estaba en silencio.
Incluso antes del amanecer, respiraba: pasillos de piedra que susurraban con pasos desvanecidos hacía tiempo, paredes que guardaban secretos como una segunda piel. Callie se movía con precisión, una bandeja en equilibrio en las manos, la mirada baja, postura firme.
Dondequiera que iba, lo sentía.
Observando.
No la mirada obvia de guardias o sirvientes, sino algo más profundo: una consciencia que persistía incluso cuando estaba sola. Como si el palacio mismo