Callie supo en qué momento la observaba.
No fue el sonido de pasos ni el cambio de aire lo que lo delató. Fue la forma en que su cuerpo se tensó sin previo aviso, la respiración entrecortada como si sus pulmones hubieran recibido una advertencia antes de que su mente pudiera reaccionar.
Se encontraba en el salón exterior, puliendo la larga mesa que se usaba para las reuniones del consejo; la luz de la mañana se filtraba oblicuamente a través de las altas ventanas arqueadas. Otros sirvientes se