La habitación olía a madera pulida y cedro, pero el aroma no podía competir con la tensión que Callie sentía al entrar. Las puertas se cerraron tras ella con un golpe sordo, más fuerte que cualquier grito. Tragó saliva con dificultad, forzando la respiración a bocanadas tranquilas y pausadas, aunque el rápido latido de su corazón la delataba. Sola con Darian, sin nadie que la presenciara o interviniera, cada terminación nerviosa de su cuerpo se convirtió en un cable de alta tensión, vibrando co