Mundo ficciónIniciar sesiónLas palabras cayeron como sentencias de muerte sobre Tutankhamun y Kiya, pero apenas las pronunciaron, sintieron que algo fundamental en el universo se rompía y reconfiguraba simultáneamente.
La energía dorada explotó desde sus cuerpos entrelazados con tal violencia que los otros siete guardianes fueron lanzados hacia atrás. Neferet, quien mantenía el canal entre dimensiones, gritó cuando el poder atravesó su esencia como relámpago líquido. El vacío que los rodeaba—ese espacio sin forma donde Apep había reinado durante milenios—comenzó a agrietarse. Fracturas de luz pura atravesaron la oscuridad absoluta, expandiéndose como raíces de árbol invertido.
Tutankhamun sintió su alma desgarrarse. No era dolor físico, porque en ese lugar no tenían cuerpos verdaderos. Era algo más profundo, más absoluto. Como si cada memo







