Mundo ficciónIniciar sesiónNeferet quedó atrapada en el sello con los otros ocho guardianes, pero su don divino le permitía ver lo que ninguno de ellos podía: la verdad completa de por qué Tutankhamun y Kiya estaban condenados a repetir su historia eternamente.
El vacío que los rodeaba pulsaba con memorias ancestrales. Neferet cerró los ojos y dejó que su poder fluyera, ese don heredado que había costado tantos años de su vida. Las visiones llegaron como oleadas, cada una más clara que la anterior.
—Deben entender —dijo, y su voz resonó en la dimensión sin tiempo—. Esta no es la primera vez que se encuentran.
Tutankhamun la miró desde donde sostenía a Kiya contra su pecho. Sus rostros, aunque eternos en este lugar, mostraban el cansancio de cincuenta años vigilando a Apep.
—¿Qué quieres decir?
Neferet extendió las manos y el va







