Mundo ficciónIniciar sesiónNeferet miró a su hijo durmiendo pacíficamente y tomó la decisión más difícil que una madre puede tomar: Lucharía contra el destino mismo si era necesario.
Las marcas oscuras en la piel de Tutankhamun pulsaban suavemente bajo la luz matutina que se filtraba por las ventanas altas de los aposentos reales. Dos meses habían pasado desde su nacimiento, y cada día los murmullos del palacio se volvían más insistentes, más venenosos. Mi hijo no es una maldición, se repetía Neferet mientras acariciaba la mejilla del bebé con dedos temblorosos. Es solo un niño que necesita protección, no condena.
La puerta se abrió con un crujido grave, y Amenhotep entró seguido del Sumo Sacerdote Amenemhat. El rostro del faraón había envejecido diez años en dos meses; líneas profundas surcaban su frente, y sus ojos, antes brillantes co







