Mundo ficciónIniciar sesiónLa plaza de Tebas se convirtió en campo de batalla cuando Pawah ordenó a sus soldados atacar al pueblo egipcio desarmado.
El grito desgarrador de una mujer cortó el aire matutino como una hoja afilada. Un soldado hitita había atravesado con su lanza a un anciano que apenas intentaba proteger a su nieta. La sangre se extendió sobre las piedras sagradas de la plaza, manchando el suelo donde durante siglos los faraones habían recibido la adoración de su pueblo.
Esto es una masacre, pensó Neferet desde el balcón del palacio, sus nudillos blancos por la fuerza con que se aferraba a la barandilla de mármol. Tutankhamun dormía en sus brazos, ajeno al horror que se desarrollaba bajo las ventanas de su futuro reino.
—¡Guardias! —rugió la voz de Amenhotep desde el patio principal—. ¡Proteged al pueblo!
Los soldados reales se lanzaron hacia la plaza con







