Mundo ficciónIniciar sesiónEl parto duró catorce horas de agonía, sangre y terror... y al final, silencio.
Las contracciones habían comenzado antes del amanecer, arrancándome del sueño con una violencia que me dejó sin aliento. Satiah corrió por los corredores del palacio, gritando órdenes a los sirvientes mientras yo me aferraba a los postes de la cama, sintiendo como mi cuerpo se convertía en un campo de batalla donde fuerzas invisibles luchaban por la vida que llevaba dentro.
Nebamun llegó con el rostro grave, seguido por Amenemhib y dos parteras con décadas de experiencia. Sus manos expertas me examinaron mientras yo mordía una tela para no gritar, pero cuando intercambiaron miradas preocupadas, supe que algo andaba terriblemente mal.
—El niño viene de nalgas —murmuró Nebamun a Amenhotep, quien había irrumpido en la habitación sin importarle el protocolo—.







