Mundo ficciónIniciar sesiónLa sacerdotisa murió en el suelo del palacio, y con ella murió cualquier esperanza de respuestas.
Sus ojos, que momentos antes habían brillado con la sabiduría de décadas sirviendo a los dioses, ahora miraban al techo pintado sin ver nada. La sangre que brotaba de sus ojos, oídos y nariz formaba un charco carmesí que se extendía lentamente sobre el mármol pulido, como si la vida misma hubiera decidido abandonar cada orifici







