Mundo ficciónIniciar sesiónTutankhamun tenía apenas tres días de vida cuando ocurrió el primer intento de asesinato.
Neferet despertó en la profundidad absoluta de la noche, impulsada por un instinto materno tan primitivo como irrefrenable. No fue un sonido lo que la sacó del sueño, ni un movimiento visible, sino una certeza oscura que se filtró en su conciencia como veneno: algo estaba mal. El aire de los aposentos reales se sentía denso, cargado de una malevolencia invisible que hizo erizar su piel incluso antes de que abriera los ojos.
A su alrededor, el palacio dormía. Los guardias apostados fuera de la habitación no esperaban movimiento alguno; sus mentes estaban tranquilas, artificialmente calmadas por una influencia que no alcanzaban a percibir. En la penumbra, Neferet se incorporó en la cama, ignorando el







