Mundo ficciónIniciar sesiónLos médicos me dijeron que tenía dos opciones: salvarme a mí o salvar a mi hijo. No podía tener ambos.
El médico real Nebamun se inclinó sobre mi lecho con expresión sombría, sus dedos arrugados sosteniendo un pequeño frasco de vidrio que contenía un líquido dorado. A su lado, otros tres sanadores del palacio aguardaban en silencio, sus rostros marcados por la gravedad del momento. La habitación ol&iacu







