Mundo ficciónIniciar sesiónEntré al salón del consejo como una guerrera entra a batalla: sabiendo que podría no salir viva.
Los doce nobles más poderosos de Egipto se alzaban ante mí como pilares de mármol negro, sus rostros tallados en expresiones de desdén apenas contenido. El aire espeso del mediodía se filtraba por las ventanas altas, pero no conseguía disipar la frialdad que emanaba de aquellas miradas. En el centro del semicírculo, Lady Tiy ocupaba su asiento con la elegancia de una serpiente enroscada, sus dedos cargados de anillos tamborileando sobre el brazo de su silla de ébano.
Amenhotep caminó a mi lado hasta el estrado central, su presencia una fortaleza contra la hostilidad palpable. Pero incluso él, con toda su autoridad de faraón, no podía alterar el protocolo ancestral. Una vez que el consejo demandara un voto formal, él debía permitirlo.
—Su Majest







