La tarde caía sobre el Reino de las Sombras con una luz dorada que apenas lograba filtrarse entre las nubes oscuras. El aire olía a lluvia y a poder contenido.
En el salón de estrategia, Rhaziel se encontraba frente a Adrian Stormborne, su primo y general más disciplinado.
La mesa entre ambos estaba cubierta de documentos, sellos reales y una copa de vino que Adrian no había tocado.
El silencio se extendió como un puente roto hasta que Rhaziel habló con tono solemne:
—Adrian… ha llegado el mome