La luna se alzaba sobre las torres del Palacio de la Luna Eterna, enorme y pálida, como si vigilara en silencio los secretos que latían bajo su luz.
El viento soplaba desde el norte, trayendo el aroma de la tormenta y un eco que no pertenecía a este mundo.
Risa no podía dormir.
Había intentado permanecer tranquila, ignorar las voces que rondaban su mente desde la noche anterior, pero era inútil. Cada vez que cerraba los ojos, una sombra se acercaba más.
Sabía que el sueño la arrastraría otra ve