El tiempo había seguido su curso implacable. Un año entero había pasado desde la partida de Rhaziel hacia la guerra, y el Castillo de las Sombras había cambiado con él. Sus muros, antes tan solemnes, se habían tornado más fríos, sus pasillos más silenciosos, como si hasta las piedras mismas compartieran la nostalgia de quienes lo habitaban.
Risa, más madura y serena, recorría los corredores cada mañana. La niña temerosa de antaño había dado paso a una joven mujer que comenzaba a asumir con natu