El invierno había cedido hacía semanas, pero en el Castillo de las Sombras aún se sentía el eco del frío en los pasillos de piedra. Ocho meses habían pasado desde la partida de Rhaziel, y la vida dentro de los muros se había convertido en una rutina marcada por lecciones, deberes y silencios que pesaban más que el hierro de las rejas que sellaban las puertas.
Risa había cambiado. Ya no era la joven que temblaba ante la incertidumbre de lo desconocido; la disciplina de Lady Aveline y el peso de