Día 3
El tercer amanecer sobre el río Helden no trajo calma. La neblina cubría las aguas, densa y pesada, como si el propio mundo quisiera ocultar lo que estaba a punto de ocurrir. Tras dos días de sangre y agotamiento, los hombres de Rhaziel se encontraban extenuados, sus armaduras abolladas, sus rostros marcados por la ceniza y el lodo. Y aun así, al escuchar la voz de su comandante, se enderezaban con una determinación feroz.
—Hoy no habrá retroceso —anunció Rhaziel, de pie frente a su ejé