El amanecer trajo consigo el sonido de campanas en la academia. Era el cumpleaños de Risa: quince años. Una edad que en muchos reinos significaba el inicio de la adultez, la promesa de un futuro brillante. Pero para ella, no era más que otro recordatorio de lo mucho que le faltaba.
Su hermanastra irrumpió en el cuarto, con esa sonrisa cruel que le helaba la sangre.
—Quince años, Risa… ¿sabes lo que significa? —se inclinó hacia ella, susurrándole al oído—. Que pronto el rey demonio vendrá por ti