La mañana amaneció distinta en la academia. Por primera vez, los pasillos se llenaron de murmullos no de burlas, sino de sorpresa. Risa, con sus pasos tímidos y el corazón acelerado, caminaba con un vestido nuevo entre sus manos. Lady Aveline había ordenado que le entregaran ropa limpia, cuadernos nuevos y un par de zapatos que brillaban como nunca había soñado.
—Esto es para ti, pequeña —le había dicho la directora esa misma mañana, colocando el paquete sobre su cama con una sonrisa cálida—. N