El amanecer se alzó sobre el Reino de las Sombras con un resplandor frío, casi metálico.
Las montañas, envueltas en niebla, parecían observar en silencio la actividad que bullía en los patios del castillo: soldados preparando caballos, herreros ajustando armaduras, mensajeros corriendo entre las torres con órdenes selladas.
Era el día de la partida hacia el sur.
El día en que Lucian Stormborne debía dejar atrás, al menos por un tiempo, la seguridad del castillo… y a la mujer que le había robado