El amanecer había terminado de romper cuando el sonido de las campanas resonó por todo el Castillo de las Sombras. Su eco no anunciaba batalla ni llegada de invitados: era la señal del Consejo Real, convocado solo cuando el rey deseaba pronunciar decretos de peso o enfrentar decisiones que marcarían la historia del reino.
En el gran salón de mármol negro, la mesa circular estaba ya ocupada por los miembros del consejo. Hombres y mujeres de edad avanzada, algunos con túnicas bordadas con los sím