La celda estaba húmeda, fétida y mal iluminada por una única vela parpadeante. Los ojos de Turin se fijaron en una cama arrimada a la pared. Las sábanas oscuras parecían cubrir algo, o a alguien. Escuchó un gemido débil y caminó hacia el sonido.
"¿Naomi?" llamó, con una voz firme pero teñida de preocupación.
No hubo respuesta. Turin se arrodilló junto a la cama y tiró de la manta. La visión que lo esperaba hizo que su corazón se acelerara. Naomi yacía pálida, con los ojos entrecerrados y las sá