El suave sonido de risas contenidas resonaba por los pasillos mientras Isadora y Seraphina caminaban hacia la habitación reservada para ellas. La emoción era visible en sus sonrisas y en el brillo de sus ojos. La noche había estado llena de momentos intrigantes, y ambas estaban ansiosas por comentar lo que habían visto y oído.
Isadora abrió la puerta de la habitación destinada a las damas de la reina y entró rápidamente, con una expresión entusiasta. Tan pronto como Seraphina cerró la puerta de