La noche en Stormhold era densa como el humo de las forjas, y el silencio de los campos más allá de las murallas solo se rompía por el sonido de los cascos contra la tierra seca. La carroza que transportaba al arzobispo Franz Walsh y al anciano Aurelius avanzaba escoltada por caballeros del Marqués Garrick Thunderhelm, hombres con armaduras oscuras que no hablaban, solo vigilaban. Las antorchas sujetas a los caballos proyectaban sombras danzantes entre los árboles, haciendo que los bosques pare