El salón principal de Rivermoor era un espacio magnífico, con amplios ventanales que ofrecían una vista imponente del Gran Río, que serpenteaba como una franja de plata entre las torres de la ciudad. El río brillaba bajo la luz del atardecer, creando reflejos dorados que bañaban el lujoso ambiente. Cada detalle del mobiliario exudaba opulencia: telas ricas y sedosas, tapizados rojos y dorados, y muebles con tallados refinados en madera oscura. Tapices exóticos, obras de arte de reinos lejanos y