El salón de banquetes de Rivermoor estaba grandioso, iluminado por candelabros relucientes que colgaban del techo y esparcían una luz dorada y suave. La mesa, larga e imponente, estaba ricamente decorada con un mantel bordado a mano, cuyos detalles contaban antiguas historias del reino. En cada lugar, los cubiertos brillantes y copas de cristal relucían, dispuestos para guiar a los invitados en un banquete sofisticado, con platos variados y cuidadosamente preparados. El aire estaba impregnado c