El camino hacia la carroza dorada de Rivermoor parecía alargarse mientras Ulrich y Phoenix caminaban lado a lado, manteniéndose impasibles ante las miradas curiosas y respetuosas de la multitud que los observaba. Cuando finalmente llegaron a la carroza, Karl Dubois, el duque anfitrión, ya los esperaba, observándolos con esa misma mirada enigmática y llena de sarcasmo. Entraron y se acomodaron en los asientos de terciopelo ricamente adornados, mientras Karl mantenía la mirada fija sobre los dos,