Cuando terminaron, ambos se levantaron, sus cuerpos lupinos aún salpicados de sangre. Phoenix miró a Ulrich, su mente todavía tratando de procesar la intensidad de esa experiencia. Él, sin embargo, estaba sereno, casi meditativo, como si ese momento hubiera sido una reafirmación de todo lo que siempre había sabido.
"¿Y ahora?", preguntó Phoenix mentalmente, su voz más tranquila, pero aún llena de curiosidad.
Ulrich la miró, sus ojos dorados fijos en los de ella.
"Ahora", dijo, levantando