Phoenix sentía el viento golpeando su pelaje, el olor de los árboles y la tierra llenando sus sentidos, pero lo que más le impresionaba era el puro poder que emanaba de cada movimiento. Sus músculos se contraían y relajaban con precisión, mientras su mente trabajaba en armonía con Pryo, que se deleitaba con la sensación de libertad.
Ulrich corría a su lado, sus movimientos igualmente ágiles y poderosos. La conexión entre ellos era palpable, como si cada golpe de sus patas en el suelo resonara