Las cortinas de la habitación fueron abiertas con precisión por las delicadas manos de Isadora y Eloise, permitiendo que la luz del amanecer inundara el ambiente. La claridad dorada atravesó el tejido ligero y acarició el rostro dormido de Phoenix. Genevieve se acercó, vacilante, y tocó ligeramente el hombro de la reina.
Phoenix despertó con un sobresalto, parpadeando ante la luz repentina. Levantó la mirada hacia Genevieve y luego hacia las otras dos damas de compañía que esperaban al pie de l