Los gritos fueron lo primero que la invadió. Agudos y desesperados, resonaban por todos lados, envueltos en una oscuridad sofocante. Phoenix no podía ver quién gritaba, pero cada sonido perforaba su alma como una hoja afilada. El calor llegó después, intenso y opresivo, trayendo consigo el inconfundible olor de madera y carne quemadas.
De repente, el fuego estalló ante su visión, lenguas de llamas danzando a su alrededor, consumiéndolo todo a su paso. Vivian estaba allí, arrodillada en medio d