Naomi entró en la iglesia con pasos calculados, sus sentidos alertas a cada detalle del ambiente. La atmósfera era pesada, cargada de expectativa, y el silencio entre los fieles era perturbador. El sonido de los tacones de sus botas de cuero contra el suelo de piedra resonaba por los pasillos, mezclándose con los murmullos bajos de las personas que observaban su llegada junto a Turin. Podía sentir las miradas dirigidas hacia ellos, como si estuvieran entrando en un campo de batalla invisible. A