El salón estaba sumido en un silencio opresivo, interrumpido únicamente por los pasos firmes de Ulrich mientras caminaba a lo largo de la extensa mesa del banquete. Sus ojos recorrían a los nobles como los de un depredador examinando a sus presas, y la tensión en el aire era casi palpable.
Phoenix permanecía inmóvil donde estaba, observando la escena con una mezcla de aprensión y resignación. Sabía que Ulrich, en su furia, era imparable, pero había una parte de ella que creía, o al menos espera