Phoenix permanecía inmóvil en el bote, con los ojos fijos en el rastro de sangre que serpenteaba en la superficie del río. El silencio tras el caos parecía pesar en el aire, como si el mundo mismo contuviera la respiración. La calma era engañosa, y por un momento, Phoenix casi se permitió creer que todo había terminado.
Pero la ilusión se desmoronó rápidamente.
Con un sonido sordo y un golpe seco, el cuerpo sin vida de uno de los remeros fue lanzado brutalmente dentro del bote, sus ropas em