El silencio reinaba absoluto en el salón del banquete. Los nobles estaban tan aterrorizados que sus mentes parecían incapaces de procesar la orden de Ulrich. Permanecieron inmóviles, sus miradas petrificadas alternaban entre el rey alfa y la reina.
Ulrich frunció el ceño, sus ojos brillando con furia.
"He dicho que se retiren." Su voz era firme pero controlada, como el trueno antes de la tormenta.
Nadie se movió. Algunos nobles estaban pálidos como fantasmas, otros parecían en trance, con