CAPÍTULO 47
—¿Cómo lo supiste? —preguntó Cale que, no sabía si era por rabia o por adrenalina, no podía dejar de temblar luego de lo vivido—. ¿Cómo supiste que esa taza estaba envenenada?

—Pues porque hicieron muy evidente que esa taza era la mía, y eso era raro teniendo en cuenta que todas las tazas parecían iguales —respondió Messina, que en realidad no se sintió en peligro en ningún momento.

—No, pero antes —señaló el hombre—. ¿Por qué cambiaste de asiento antes? ¿De verdad en Cenzalino se sientan dife
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