—¿Qué dice? —preguntó la joven azabache de ojos azules que, mientras desayunaba al lado de su esposo, lo vio recibir un mensaje del palacio imperial y leerlo frente a ella, aunque en silencio.
—El príncipe heredero acaba de nacer —informó el hombre a su esposa, ya notoriamente embarazada—. La reina sería enjuiciada mañana por la tarde, deberemos estar ahí, y probablemente será castigada al día siguiente, así que hay que quedarnos en el palacio imperial por esta noche para mañana atestiguar el c