Como Mía lo esperaba ya, el viaje fue una total tortura; aunque no fue tanto por el movimiento del barco, que definitivamente sí se sentía horrible para su estómago y ella; pero lo que más le molestaba a esa mujer, de cabello oscuro y ojos claros, era, sin duda alguna, tener que enfrentarse a su mayor pecado.
El recibimiento que les dieron al pisar el puerto de Atrumb fue tremendo. Y es que no era para menos cuando en ese imperio estaban recibiendo a la emperatriz de Cenzalino, un imperio herma