Corono se arrastró de nuevo hasta su habitación, encontrando a la emperatriz dormida sobre la cama sin deshacer, y aún vestida.
Tenían tanto qué hacer, que a menudo se felicitaban por tan solo lograr reunirse para comer, pero seguro solo era que se vieran por la mañana que despertaban para irse a trabajar todo el día.
Sin embargo, lo estaban haciendo demasiado bien, la gente de la capital y del imperio lo comenzó a notar y a agradecer, al punto de que, los reinos que habían pensado en deshacer