—No quiero ir —declaró Cale y Messina alzó las cejas tras suspirar—, y mucho menos quiero llevarte conmigo. Es claro lo que pretenden hacer, lo más probable es que ni tú ni yo, y mucho menos nuestro hijo, regresemos vivos del palacio imperial.
La azabache tragó saliva, intentando deshacerse de la angustia que tenía anudada en la garganta. No es como que ella no tuviera conocimiento del tipo de situaciones que ocurrían a los que estaban cerca o en el poder; es decir, siendo princesa, desde muy n