—Es lo mejor —aseguró el conde Acreano y todos los presentes se miraron entre sí.
También lo sabían, sabían que lo mejor era quitar del poder a un hombre que estaba utilizando su poder para encontrar a una mujer que ni siquiera era suya, porque la mayoría habían sido invitados a la boda del joven Corono, y esa era, sin duda alguna, su difunta mujer.
Corono también asintió. Aunque pareciera ser que su participación en eso era personal, la verdad era que no podía seguir bajo el yugo de una perso