Noelia
Me desperté empapada en sudor, con las sábanas enredadas entre mis piernas y la respiración agitada. Era la tercera noche consecutiva que soñaba con Aidan. No eran pesadillas, sino todo lo contrario: sueños tan vívidos y sensuales que al despertar sentía vergüenza de mí misma.
Me incorporé en la cama y miré el reloj: las 3:17 de la madrugada. Mi cuerpo ardía como si tuviera fiebre, pero sabía que no estaba enferma. Era algo diferente, una sensación que nunca había experimentado antes. Com