Aidan
La tenía entre mis brazos, su cuerpo aún temblando por el beso que habíamos compartido. El sabor de Noelia permanecía en mis labios como un recordatorio de lo que nunca debí haber probado, pero que ahora no podría olvidar. La luna creciente brillaba sobre nosotros, burlándose de mi autocontrol cada vez más débil. Faltaban apenas tres días para la luna llena, y mi lobo interior se agitaba con anticipación.
—Tenemos que irnos de aquí —susurré contra su cabello, inhalando su aroma a vainilla